La señora Parker

Debió de ser el año de la gran nevada, la señora Parker y su hija nunca habían visto la nieve y esa nevada fue “la nevada”.

  • La señora Parker “¿Jasmin me regala el azúcar?”
  • Y su hija le respondió, “Vieja, tu ya sabes que el doctor te ha dicho que no abuses”.
  • La señora Parker suplicó: Si solo va a ser una pizquita para el café tintico. Con el frio que hace hay que endulzarse la vida”.
  • A lo que Jasmin sentenció: “A ti ya te sobra azúcar y no sabes que excusa inventarte”.

La señora Sara Jessica Parker era una chingona de la vida, muy dicharachera que con sus 50 años ya cumplidos había huido de la nueva Colombia cafetera a hacer fortuna a la vieja Europa.

Tenía uno de esos nombres estrambóticos nacidos en una telenovela (SJP). Uno de esos nombres que hacían santiguarse a los párrocos envejecidos de esa España católica, apostólica y romana.

Esa blanca mañana de enero debía de ser la mañana de un domingo.

  • Hay mhija déjeme tranquila. Siempre está usted diciendo y hablando de doctores. Ay ¡Qué pena con usted!

La señora tomó la cucharilla y la lleno dos veces hasta colmarla de azúcar. Sara Jessica se las sabía todas.

  • Con una voz muy despierta le dijo: “Mhija, creo que te ha sonado el Iphone”.

Jasmín salió corriendo a por el mismo para ver quien la había escrito. Sara Jessica, sin ninguna prisa y sabiendo que ya había conseguido su objetivo, levanto la vista de sus gafas. Cuando Jasmín le dio la espalda se sirvió su tercera cucharadita de azúcar.

Jasmín regresó con su celular en la mano algo decepcionada. ¡Sin duda, no era lo que esperaba! Se trataba de una alerta de El País:

Ayuso anuncia el cierre de la hostelería a las 20 horas”.

  • La señora Parker le pregunto: “Mhija, ¿Cómo así? “
  • La respuesta era la esperada: “Nada nuevo. Más y más. Ahora, hasta la Ayuso echa el cierre a los bares. ¡Se va a liar parda!”
  • Sara Jessica pensó para sus adentros. “Si esa Ayuso cierra los bares es que la cosa está muy “cagada”.

La Ayuso parecía una Menina del siglo XXI. A SJP le caía bien. Pese a la que estaba cayendo no se había derrumbado. Le gustaba porque era la líder de la resistencia de Madrid al virus y también porque no se parecía al resto de sus compañeros de Partido.

A pesar de que se había labrado un hueco bajo las riendas del gabinete de la ilustrísima y nobilísima Esperanza Aguirre, la Ayuso era de otra casta y de otra piel. No lo ocultaba sino que presumía de tatuaje con la rosa del “Violator” de Depeche Mode (1990) y  también presumía de su pareja, un peluquero (pe-lu-que-ro) amigo de su infancia en su pueblo de Ávila que  estaba todo “buenote”.

  • Sara Jessica elevó la voz, Mhija, Esa Ayuso cierra los bares porque está cansada de tanto Almeyda y tiene al “machucante” esperando en casa y ya está cansada de tanto gabinete y tanta exposición social.
  • Y mhija la respondió, Vieja, tú ya sabes que ese” Papito” no es real.
  • La Parker señalo, “Sea o no sea real yo quiero uno en casa. A ese sí que le iba poner yo a azotar baldosa”.

Ambas rieron. Entre el frio y la pandemia. Madre e mhija habían intimado. Cada día estaban más “picantosas”.

SJP era una de esas tantas señoras colombianas, bolivianas o venezolanas que daban movimiento y alegría al viejo Madrid. Su hija Jasmin, su exmarido El Corroncho y sus dos hijos vivían jodidos pero contentos en Alto de Extremadura, más allá del Puente de Segovia tirando a Aluche y que pasaban el fin de semana en el Arroyo Antequina de la Casa de Campo. Su historia no interesaba a los madrileños. Convivían y eran el activo de la ciudad. Sobrevivían y calentaban el cotarro y eso que el cotarro ya estaba lo suficientemente animado en esas fechas.

  • SJP- Mhija recoge la mesa que hoy nos vamos de compras. Acabo de cobrar y estamos en rebajas.  Había que distraer la mocha  y gastar los días.

Eran tiempos inciertos donde no se podía planificar para el mañana.

  • Me voy a comprar un conjuntito que voy a dejar la nieve derretida. Que más vale “Bacano” en mano que ciento volando y luego ya, si eso mañana, la barajamos más despacio.

SJP tenía tanto Rock & Roll como la Ayuso pero digamos que callaba menos y era más de salseo. Si hubieran sido amigas probablemente se hubieran llevado bien. Pero en el Madrid de la corte llevarse bien con “la chica” no estaba de moda. El Madriz tonto y moderno.

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